El rosa es de niñas

El rosa es de niñas. Y eso es una realidad. Aunque no sea más que una asignación fortuita que se ha hecho en una cultura muy concreta y en una época muy concreta. Sin embargo, no es la única asociación que tenemos asociada al género de una persona, pues en nuestra cultura se han creado roles ligados a lo masculino y lo femenino: los ya tan famosos roles de género, que, por si alguien sigue en la cueva con Platón, no son más que un conjunto de normas sociales vinculadas a lo que se entiende por hombre y mujer. Asociar el color rosa con las niñas y el azul con los niños es una ínfima muestra de lo que son los roles de género, pero día a día vemos pruebas de los mismos en comportamientos mucho más relevantes, como aquello de los niños  no lloran, las mujeres cuanto más calladas más guapas, los niños son más desastres, las niñas son más tranquilas , … Esto llega hasta tal punto que incluso hay carreras asociadas a hombres (como pueden ser las carreras STEM, Sciences Tecnologies Engineering and Mathematics)y otras asociadas a las mujeres (como magisterio o enfermería). No obstante, estas concepciones no son tan fortuitas como lo del rosa y el azul, ya que, por ejemplo, se asocia que las mujeres van a ser mejores como maestras o enfermeras porque es una carrera íntimamente ligada con el rol de cuidadoras, que se nos ha asignado porque somos las que tenemos la capacidad de dar vida. Quizás porque la capacidad de dar vida es una cualidad innata de las mujeres, el rol de cuidadoras nos ha sido asignado en la mayoría de las culturas, lo cual hace más difícil percatarse del trasfondo cultural del mismo. Sin embargo, respecto a las carreras STEM ocurre una cosa muy curiosa, mientras que en las culturas occidentales siempre hay menos mujeres que hombres, en las culturas árabes ocurre todo lo contrario, y la explicación es muy interesante: en la cultura occidental esas carreras dan un poco de respeto y se consideran para genios, y claramente ser un genio es más cosa de hombres que de mujeres, pero en la cultura árabe son carreras que no dan miedo y donde se sabe que la perseverancia paga al final, con lo cual no se excluye a las mujeres de manera tan tajante. No es casualidad que la única medalla Field ganada por una mujer la ganara una iraní, ya que en Irán más del 70% de los estudiantes de STEM son mujeres. (Por cierto, Maryam también es la única persona iraní que ha ganado ese premio).

Lo maravilloso es que nos estamos dando cuenta de que todo esto son construcciones sociales, y estamos intentando cambiarlo. Cada vez veo más campañas enfocadas a hacer más atractivas las carreras STEM a las niñas. Sin embargo, veo muy pocas campañas, por no decir ninguna, enfocadas a que los niños se metan en enfermería. Seguimos teniendo una asociación indirecta a que los roles masculinos son los exitosos y los femeninos no, y por eso, elegir quedarte en casa para cuidar de tus hijos en lugar de continuar con tu carrera se considera un fracaso, a pesar de ser una elección maravillosa, siempre y cuando sea una verdadera elección libre. En este punto nos encontramos con varios problemas:

  • A día de hoy estas elecciones están muy condicionadas por los roles de género, y son esas asociaciones las que hay que romper.
  • Nadie es ajeno a los roles de género, hemos crecido con ellos.
  • Ninguna elección es mala, siempre y cuando sea una elección.

El problema no es que una mujer elija no dedicarse a STEM, sino que lo haya hecho porque nunca se ha sentido segura en esos campos ya que son cosa de hombres, ni que un hombre decida meterse a medicina en lugar de a enfermería, sino que lo haga porque si no lo van a considerar un fracasado, pues enfermería es de mujeres. Llegados a este punto, hay que hacer una puntualización primordial: en estas asociaciones las mujeres hemos salido perdiendo, por mucho, lo que ha generado un mayor rechazo hacia lo ligado al género femenino, porque, a pesar de que ir de rosa sea inocuo, hay otras muchas concepciones ligadas a ser mujer que son malas, como por ejemplo ser débil (pegas como una niña, lloras como una niña…). Son estas otras asociaciones las que provocan que a cierta edad muchas niñas pasen de decir que su color favorito es el rosa a decir que lo odian, fenómeno que no he visto con niños y el azul. Si queremos llegar a un punto en que los roles de género no sean más que algo que se estudie en los libros de historia, tenemos que deconstruir nuestros comportamientos, y el primer paso es aceptar que estas asignaciones existen. Tenemos que saber ver qué es lo malo de cada cosa, qué es lo bueno, y qué es lo irrelevante, y ser conscientes de que el problema no es seguir lo que a día de hoy está asociado a tu género, sino tener que hacerlo porque no tienes otra alternativa.

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