Lolita

(English version here)


Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era, Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola en pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

De esta manera empieza Lolita, y la calidad de la escritura no baja un ápice hasta la última frase de la novela, que al igual que el principio, me dejó con la boca abierta. Me empecé a leer el libro por recomendación de un par de amigas, a pesar de que el tema de la pedofilia me hizo empezarlo de una manera reticente. Desde luego, rompió todas mis expectativas. De pronto me encontré leyendo un libro apasionante, con un dominio de la prosa tal que, aunque esté describiéndote una situación que en otro momento debería sonar repugnante (como una “emboscada” por parte de un adulto a una niña de 12 años para poder tocarle la pierna), hace que suene bello. Una novela en la que la mente de un pedófilo está tan bien expresada que tuve que mirar si el escritor era un prodigio o si tenía algún antecedente relacionado con eso (y no, simplemente Nabokov es un escritor espectacular).

Lolita es un clásico del siglo XX que, en forma de memoria escrita desde la cárcel, nos cuenta la historia de Humbert Humbert (nombre ficticio elegido por el autor de las memorias) y Lolita, una niña de 12 años.

Humbert es un profesor de literatura francés de mediana edad que se muda a Estados Unidos. Es un personaje manipulador, egoísta, egocéntrico y, ante todo un pederasta. Él mismo es consciente de todos estos problemas e intenta de muchas maneras justificarse, a la vez que se castiga por ello. Nabokov presenta la dualidad de este personaje durante toda la novela, y, a pesar de que no esconde en ningún momento que Humbert se considera un monstruo, consigue que los lectores lleguen a empatizar con él en ciertos puntos de la lectura.

Lolita, por otro lado, es la hija de la casera de Humbert, Charlotte. Según Humbert, es una nínfula, pero no una cualquiera, sino la nínfula más perfecta que existe y es por ello que queda encandilado por ella desde el primer momento en que la ve. Sin embargo, Dolores no es más que una niña de 12 años muy desatendida por su madre y por todos los que la rodean.

Nínfula es un término que se inventa Humbert para describir a las niñas que le atraen:

Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica (o sea demoníaca); propongo llamar «nínfulas» a esas criaturas escogidas.

Los viajeros embrujados de los que habla son los artistas y locos (ambas a la vez). Humbert deja caer la responsabilidad de que ciertos adultos se sientan atraídos por niñas en ellas mismas, pues es su magia y su actitud las que hacen que ellos caigan enamorados. Según nos cuenta, su atracción por las menores se debe a su primera relación amorosa con Annabel cuando ambos rondaban los 12 años. Esta relación nunca llegó a consumarse por ciertas vicisitudes del destino, lo que generó que Humbert se obsesionara con las nínfulas. Sin embargo, como ya he mencionado antes, Humbert es consciente de que sentir atracción por niñas pequeñas está mal, y durante parte de su vida intenta refrenar al monstruo que lleva dentro.

La dualidad con la que él mismo Humbert trata su pedofilia es de las cosas que más me llamó la atención del libro. A la vez que él mismo se refiere a sí mismo como monstruo por su afección, busca referencias en otros hombres, reconocidos como grandes, que también sentían atracción por menores, como Lewis Carrol o Dante Alighieri. La obra en sí está plagada de referencias a otros escritores y entre ellos destacan las referencias a Lewis Carrol, empezando por el pseudónimo Humbert Humbert. La sonoridad de este nombre es muy similar a la de Humpty Dumpty, un personaje con forma de huevo de la cultura popular inglesa que aparece en varias de las obras de Lewis Carrol dedicadas a su nínfula particular, Alice Lidell. Además, al igual que Humpty Dumpty, Humbert termina roto.

Humbert ve por primera vez a Lolita cuando va a su casa para ver una habitación que su madre alquilaba. Hasta ese momento, Humbert había estado tratando de controlar de alguna manera sus instintos depredadores, conformándose con recurrir a prostitutas que parecieran menores o con observar desde la lejanía a las nínfulas en los parques o a la salida del colegio. Sin embargo, desde que ve a Lolita por primera vez empezamos a ver una decadencia del personaje. Cada vez más deja que su obsesión se apodere de él, llegando a planear hasta una manera de dormir a la madre y a la hija para poder violar a Lolita por la noche.

Según cuenta Humbert, la misma madre de Lolita siente celos de la niña y de la atención que esta recibe de Humbert, y la manda a un campamento de verano. Es durante la estancia de Lolita en el campamento que Charlotte y Humbert se casan, pues Humbert ve así la posibilidad de tener cada vez más control sobre Lolita. De hecho, empieza a planear el asesinato de Charlotte para quedarse con la custodia de Lolita. Sin embargo, hay un giro de los acontecimientos bastante favorecedor para Humbert, pues Charlotte muere tras ser accidentalmente atropellada por un coche. Antes de continuar, he de remarcar que estamos leyendo las memorias de Humbert, y, aunque yo al principio también lo di por hecho, no sabemos si lo que está contando ocurrió verdaderamente de manera accidental o si Humbert tuvo algo que ver de alguna retorcida forma. Sea como sea, el hecho de que esta muerte sea presentada como accidental es vital para que el lector pueda seguir empatizando con Humbert.

Tras la muerte de Charlotte empieza la agonía para Lolita. Tras arreglar los papeles necesarios, Humbert va al campamento a recoger a Lolita, quien no sabe nada de la boda ni de la muerte de su madre. Humbert y Lolita comienzan un viaje en coche por Estados Unidos durante parte del cual Humbert le esconde a Lolita la muerte de su madre, diciéndole que está ingresada en un hospital. Es durante este viaje cuando Humbert y Lolita tienen relaciones sexuales por primera vez, de nuevo según las palabras de Humbert porque Lolita lo buscaba y lo sedujo. A partir de este momento Humbert da rienda suelta a su alma controladora y manipuladora: compra cosas a Lolita, a la vez que la hace sentir responsable de lo que está pasando. Cuando Lolita deja caer que quiere acabar con la relación Humbert le cuenta que la policía también la juzgará a ella, pues ella quiso que la cosa empezara. Además, se verá huérfana y desamparada en el sistema de acogida estadounidense, que no es conocido por ser algo placentero, y menos para una niña que ha accedido a tener relaciones con su padrastro. La obsesión y la manipulación llega a tal punto que el único momento en que Humbert permite a Lolita estar sola es cuando ella va al baño.

Por más que la prosa de Nabokov sea maravillosa, por más que el libro esté escrito desde el supuesto punto de vista de Humbert y esté buscando que el lector lo juzgue favorablemente, no entiendo como la gente puede decir que el tema del libro es el amor, ni siquiera el amor no correspondido. Humbert no está enamorado de Lolita, está obsesionado con ella. Es un abusador, y en palabras de la propia Lolita, le ha destrozado la vida. Además, la perversión y la decadencia de Humbert es tal que llega a soñar con tener una hija con Lolita para poder tener otra nínfula a su disposición cuando Lolita ya sea demasiado mayor. Sueña con tener una hija biológica con una niña de 12 años para poder abusar sexualmente de ella también. Humbert está tremendamente obsesionado con la idea de nínfula, y personifica esa obsesión en Lolita. El mismo Nabokov nunca llegó a entender como la gente sacaba el mensaje de que la novela iba de amor, y mucho menos de que la culpa era de Lolita. Ya en los años 50, Nabokov nos presenta una crítica maravillosa a la cultura de la violación que culpa a la víctima, dejándolo claro incluso desde la perspectiva del mismo Humbert:

[…] De haber comparecido ante mí mismo, habría condenado a Humbert a treinta y cinco años por violación y habría descartado el resto de las acusaciones.[…]

La relación con Lolita llega a durar años, y Lolita está en plena época de desarrollo. A pesar del gran amor que Humbert clama hay veces que se sorprende a sí mismo pensando en el asco que le dan las formas que Lolita está desarrollando y está constantemente midiéndola y pesándola, como si eso fuera a parar el crecimiento de Lolita.

Cuando por fin se asientan y Lolita empieza a ir al colegio, el nivel de acoso por parte de Humbert incrementa aún más si es posible, controlándola y manipulándola cada vez más. Sin embargo, durante todo el libro, Humbert explica que Lolita es la manipuladora, pues, siempre según él, usa el sexo para conseguir privilegios. Sin embargo, hay una escena, que de nuevo aún contada desde la perspectiva de Humbert, desmonta esa realidad que él nos cuenta. En un momento dado, Lolita enferma, y Humbert, a pesar de las quejas de la niña, se acerca con intenciones sexuales. Aún a sabiendas de que la niña tiene 40 grados de fiebre (él mismo le pone el termómetro) nos encontramos con la siguiente escena:

La desvestí. Su aliento era agridulce. Su rosa parda sabía a sangre. Temblaba de la cabeza a los pies. Se quejó de una dolorosa rigidez de las vértebras superiores y yo pensé, como todo padre norteamericano habría hecho, en la poliomielitis. Abandonando toda esperanza de contacto sexual, la envolví en una manta y la
llevé al automóvil.

Para reforzar que la relación es de abuso, tenemos también el fin de Lolita. Ella trata de escapar dos veces, consiguiéndolo con la ayuda de un director de teatro que le promete llevarla a Hollywood. Este intenta usarla para grabar porno y cuando Lolita se niega la echa de su casa. Sin embargo, Lolita, sola y desamparada con 14 años y sin siquiera un techo sobre su cabeza no vuelve con Humbert, se va a buscarse la vida, sola. Cuando Humbert y ella vuelven a reunirse, ella tiene 17 años, está embarazada y a punto de mudarse a Alaska con su marido.

En los últimos capítulos descubrimos el asesinato que ha llevado a Humbert a la cárcel: el del tipo que ayudó a escapar a Lolita. Humbert escribe un poema en el que le explica que lo va a matar por haberle hecho perder los años de inocencia de Lolita, por haber hecho que su nínfula lo abandonara. Igual que culpa a las nínfulas de su pedofilia, externaliza la culpa de que Lolita se haya escapado en el director de teatro, mostrándonos nuevamente que Humbert es un personaje desequilibrado e incapaz de cargar con responsabilidades sobre sus actos.

Lolita no sólo es una crítica a la cultura de la violación, también a la misma sociedad, por la manera en que la gente intenta quitarse culpabilidad, por cómo la gente vuelve la cara ante ciertas situaciones. Durante toda la novela hay personajes que notan que algo va mal con Lolita y que incluso lo relacionan con su entorno familiar, pero todos estos personajes hacen la vista gorda, obvian el tema y lo dejan pasar con el pretexto de “serán cosas de la edad”.

La misma novela es un reto para la literatura por el tema y la manera en que lo trata, y ha sido una obra malinterpretada desde sus inicios. Sólo una editorial francesa especializada en literatura erótica se atrevió a publicarla, y estuvo prohibida durante varios años en Francia y en Inglaterra. Además, a pesar de que el libro nos da las pistas suficientes para entender que la intención de Nabokov nunca fue romantizar la pedofilia, la obra se ha entendido como tal, llegando incluso a que alguna gente pida su prohibición. (El tema de la censura literaria ya lo trataré en otro post, pues da para largo…)

Para terminar, voy a poner el final de la novela que es tan bueno como el principio, un final redondo que da un cierre al nivel del resto de la novela:

Ninguno de los dos vivirá, pues, cuando el lector abra este libro. Pero mientras palpite la sangre en mi mano que escribe, tú y yo seremos parte de la bendita materia y aún podré hablarte desde aquí hacia Alaska. Sé fiel a tu Dick. No dejes que otros tipos te toquen. No hables con extraños. Espero que quieras a tu hijo. Espero que sea varón. Que tu marido, así lo espero, te trate siempre bien, porque de lo contrario mi espectro irá hacia él, como negro humo, como un gigante demente, y le arrancará nervio tras nervio. Y no tengas lástima de C. Q. Había que elegir entre él y H. H. y era preciso que H. H. viviera a lo menos un par de meses más, para que tú vivieras después en la mente de generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita.

Un comentario sobre “Lolita

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