La señora de Dalloway

(English version here)

Sobre Virginia Woolf

Virginia Woolf, (Stephen de nacimiento), nació en Londres el 25 de enero de 1882. Sus padres, un conocido escritor y montañero y una famosa modelo, se codeaban con la élite londinense, lo que propició que Virginia llegara a conocer de primera mano a muchos de los más afamados representantes de la literatura victoriana, a los que ella consideraba gente estrecha de miras. Al contrario que a sus dos hermanos varones, no le permitieron estudiar en Cambridge, aunque sí le dieron una educación privada. Virginia fue una persona con una salud mental frágil: sus primeras crisis nerviosas las tuvo después de la muerte de su madre, cuando ella tenía 13 años y la muerte de su madrastra y su hermanastra unos años después junto con los abusos sexuales cometidos por sus dos hermanastros no ayudaron a que sus crisis nerviosas mejoraran . Tras la muerte de su padre, la familia Stephen se mudó a Bloomsbury, donde formaron el conocido grupo artístico y literario homónimo. En 1912 se casó con Leonard Woolf, y decidieron comprar una mini imprenta casera y, en 1917, formaron la conocida Hogarth Press. Esta prensa publicó una gran parte de su trabajo, y también gracias a ella se puso en contacto con obras de autores que aún no habían sido traducidos al inglés, siendo ellos los encargados de hacer ese trabajo. La precariedad de su salud mental fue una constante en su vida, y provocó que en 1940 su marido y ella se mudaran a Sussex, con el objetivo de alejar a Virginia del ajetreo de la vida en Londres para que su salud mental mejorara. Sin embargo, en 1941 se suicidó, ahogándose en el rio Ouse.

Virginia comenzó su carrera como periodista, aunque posteriormente escribió tanto novelas como ensayos. Nos ha dejado unas obras de calidad suprema con las que rompió todos los esquemas que se usaban anteriormente en su búsqueda por expresar mejor temas hasta entonces olvidados (como la salud mental), llegando incluso a investigar nuevas figuras literarias.

Contexto histórico:

Virginia comenzó a escribir La señora Dalloway en Junio de 1923, tan solo 5 años después de que acabara la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra fue un golpe tremendo para la sociedad británica, un momento impactante para el mundo entero. Fue la guerra más mortal hasta ese momento de la historia y desromantizó todos los conceptos que se tenían asociados a la guerra. Los hombres con PTSD (en aquel momento conocido como Shell Shock en Gran Bretaña) se contaban por miles, y obviamente la sociedad se vio afectada de manera muy negativa cuando en vez de los héroes esperados volvieron hombres demacrados que sufrían alucinaciones y convulsiones, llegando al extremo de que algunos no podían siquiera andar derechos. Además, ninguna de las partes involucrada en la guerra ganó realmente nada. De hecho, en el caso específico de Inglaterra, la economía decayó enormemente, debido entre otras cosas a la enorme deuda que generaron cuatro años de intenso conflicto. Todo esto dejó a la sociedad británica traumatizada durante años, provocó una crisis existencial, lo que siempre genera preguntas y transformación. Preguntas grandilocuentes, como el significado de la vida: ¿qué va a pasar con nosotros? ¿Qué va a pasar con Londres, con Inglaterra, con el Imperio? E incluso preguntas más pragmáticas, por ejemplo, ¿cómo actuar con los hombres que tenían Shell Shock? Respecto a este asunto, a pesar de que se reconocía el Shell Shock como una enfermedad, se asociaba a algo físico, y aun así la postura oficial del gobierno de Reino Unido era obviarlo. La situación era tan terrible para los hombres que sufrían Shell Shock en el frente que, si por culpa de un ataque de pánico o ansiedad no cumplían con alguna orden, se enfrentaban a un consejo de guerra, llegando a ser condenados a muerte en no pocos casos. Otra cosa importante a tener en cuenta es que en 1918 se aprobó el voto femenino en Reino Unido, aunque se restringió a las mujeres mayores de 30 años, mientras que la restricción de edad para los hombres eran los 21 años. Se había conseguido también que la gran mayoría de las universidades reconociera los estudios de las mujeres con títulos “equivalentes” a los que se daban a los varones. El papel de la mujer estaba siendo puesto en duda muy fuertemente, y con él, el de los hombres. Por último, es muy importante tener en cuenta que la “modernidad” estaba empezando a verse en el día a día de las personas. Los coches de caballos estaban siendo sustituidos por coches, el cine había sido inventado apenas 20 años antes y estaba llegando a las ciudades más grandes, los aviones empezaban a verse… Muchas de las cosas que a día de hoy nos parecen algo cotidiano en aquel momento aún eran desconocidas para muchas partes del mundo, y sólo en ciudades del calibre de Londres estaban empezando a formar parte de la vida de las personas, pero aún no de forma cotidiana.

Sobre Mrs.Dalloway

He de decir que el estilo de Virginia es muy denso. Mrs Dalloway es un libro increíblemente cargado de crítica y de símbolos, y el lenguaje que utiliza está a la altura de ello. Cada frase está completamente medida y da mucho más de lo que en un simple momento puede parecer. Esto hace que la lectura sea extremadamente interesante, pero también puede hacerse pesada en ciertos momentos. Respecto a los aspectos más técnicos de la novela, cabe destacar que no existe división por capítulos. La forma que tiene Virginia de marcar el ritmo del libro es mediante las campanadas de los relojes que van apareciendo a lo largo del libro. Además, en las versiones inglesas hay doce separaciones, una por cada hora, mostrando de nuevo que la única estructura del libro es el paso del tiempo.

El libro transcurre en un día de verano durante una ola de calor en Londres. Transmitir la sensación de Londres durante esa ola de verano es vital en el libro, pues la ciudad de Londres juega el papel de nexo de unión entre todos los personajes, es un recurso para deshacerse de las diferencias de género, clase e incluso de edad. Al no haber narrador omnisciente que controle todo, sólo los monólogos internos de los personajes, la ciudad juega la parte de ser un ente vivo, en constante movimiento, donde todos los personajes se mueven con ella, se encuentran y esos encuentros nos dan pie a pasar de uno a otro de una manera natural. De nuevo, los mismos relojes que nos marcaban el ritmo del libro también nos dejan ver que Londres es una ciudad en continuo avance, evolucionando a la vez que todas las personas que la habitan. La escritura mediante monólogos internos es un recurso muy interesante que nos enseña una de las diferencias más importantes de la literatura de entreguerras con su predecesora, la literatura eduardiana. Mientras que la primera pone el foco en las perspectivas internas, en la introspección, los recuerdos personales, etcétera, la segunda lo ponía en los detalles externos que rodeaban y afectaban a las personas. Para Virginia esto no era más que dejarse llevar por la superficialidad, sin llegar a ver la profundidad de la psique humana.

Es debido también al uso de monólogos para contar la historia que es tan importante ver la sensación que generan los personajes principales desde fuera, y no quedarnos sólo con sus percepciones. Peter, Richard, Sally, Hugh, etcétera nos ayudan a entender el personaje de Clarissa, nos enseñan las asociaciones que tienen de ella, al igual que los médicos o Rezia nos ayudan a comprender más a Septimus. Además, los encuentros casuales entre los distintos personajes son muy significativos, pues de nuevo nos permiten poner la psique de dos personajes en un mismo momento, para poder ver así las diferencias entre las perspectivas.

Otro recurso que usa Virginia para hacer hincapié en que lo importante es conocer y entender las diferentes perspectivas de los distintos personajes es la trama, o, mejor dicho, la ausencia de ella. El libro nos narra el día de Clarissa Dalloway mientras prepara una fiesta que va a tener lugar en su casa esa misma noche. Como podemos ver, se trata de una situación terriblemente cotidiana, y realmente no hay nada que se salga de lo común. De hecho, la cotidianidad de la situación nos da la oportunidad de conocer gente normal y corriente de la sociedad de ese momento, lo que nos ayuda a entender las realidades de la sociedad en conjunto. Así, Clarissa Dalloway es una mujer de unos 52 años de la clase media alta-inglesa, el estereotipo de mujer culta, callada, recta, la perfecta mujer victoriana. Richard Dalloway, su marido, es un político conservador un poco mayor que ella, de nuevo el perfecto caballero victoriano, mientras que Peter Walsh es un socialista hijo de una familia de terratenientes de la India (en aquel momento colonia de Inglaterra) que no consigue encajar exactamente en la sociedad.  Mientras que Clarissa representa la cordura y el sentido de la mesura, Septimus nos enseña la locura. El personaje de Septimus va a jugar el papel de espejo de Clarissa, presentándonos la otra cara de la moneda en muchas situaciones. Es la contraposición a la mesura de Clarissa y de todos los que van a la fiesta. Además, nos muestra la cara más cercana a la Primera Guerra Mundial, pues es un veterano de guerra con Shell Shock que tiene alucinaciones con los horrores vividos. Su mujer, Rezia, es una mujer italiana superada por la situación de su matrimonio. Sally, la amiga de la infancia de Clarissa, nos muestra la faceta más luchadora y empoderada de las mujeres del momento, pues, aunque no es una activista de facto, sí que se negaba a someterse a los roles que se esperaban de ella, al menos no sin plantear preguntas.

El mismo título del libro ya nos deja claro que el tema del feminismo va a jugar un papel central en el mismo. Aunque hay muchos más libros cuyo título es el nombre de la protagonista, la peculiaridad de éste es que lo que encontramos no es el nombre completo, sino simplemente su título de casada, Mrs. Dalloway. En mi opinión una traducción más adecuada al español hubiera sido “la señora de Dalloway”, para representar mejor que no estamos leyendo la historia de una mujer de apellido Dalloway, si no de una mujer que ha pasado a ser Dalloway al casarse, dejando atrás su vida entera. De hecho, el título de Mrs. no es más que una degeneración de Mr.´s, que viene de añadir la partícula ” ´s” que indica propiedad al título que se daba a los hombres, Míster, acortado como Mr.; es decir, Mrs no es más que la propiedad del Míster. La misma Clarissa especifica que desde que se casó siente que es invisible al mundo, que ha dejado de ser ella misma para ser una extensión de su marido, llegando hasta el punto de que a veces se dirigen a ella como Mrs. Richard Dalloway, en lugar de por su nombre. Clarissa vive en una constante contradicción interna: por una parte, siente que la única manera de vivir su vida es aceptar y seguir los roles indicados, por otra, realmente no es lo que a ella le haría feliz. Por ejemplo, Clarissa disfruta leyendo y tiene una fuerte opinión respecto a las cosas que conoce, sin embargo, se mantiene siempre en la sombra de su marido, apoyándolo en alguna situación social como mucho. Clarissa envidia y admira a su amiga Sally por su espontaneidad y su felicidad, pero no se permite a sí misma ser así, ella está dominada por el “sentido de la proporción”, la exagerada mesura victoriana. Sally también genera que Clarissa se cuestione su sexualidad, aunque ella habla de que hay dos tipos de pasiones: la que una siente por su marido y la que sólo puede sentirse por otra mujer, siendo esta última la que realmente enciende su fuego interno. Teniendo en cuenta que el libro se escribió en 1923, hablar de que las mujeres pueden tener sexualidad, y más aún mencionar que puede ser algo fuera de lo establecido es tremendamente rompedor.

En su papel de reflejo de Clarissa, Septimus es el personaje masculino que más nos hace cuestionarnos los roles de los hombres. Él mismo habla de la congestión sentimental que tenía, cuando, por ejemplo, no pudo llorar la muerte de su amigo Evans porque tenía que seguir con su deber como hombre en el frente. Nunca manifestó ningún sentimiento relacionado con la guerra, a pesar de los horrores que vivió. De hecho, el haber sido partícipe de un horror tan tremendo le causa una crisis existencial: Septimus se pregunta cuál es el sentido de vivir en un mundo con tanta maldad, no deja de pensar por qué hay semejantes horrores en el mundo, e incluso se plantea si merece la pena traer descendencia a un mundo así. A pesar de eso, trata de mantener la faceta de hombre fuerte, hasta que un día, en medio de una discusión con Rezia, en la que ella le reclamaba que cumpliera su deber como marido y le diera un hijo, explotó, y todo ese torrente de sentimientos que nunca se había molestado en gestionar degeneró en un brote de PTSD. ¿Son entonces tan buenos los valores asociados a la masculinidad si provocan una situación tan extrema como esta? De nuevo, la rigidez de los valores victorianos sale a la luz.

De manera menos extrema, Peter Walsh se cuestiona a sí mismo si la forma de ser de un perfecto caballero tiene algún sentido, y vemos su menosprecio, aunque da la sensación de que es sólo porque él no termina de encajar. Por otro lado, Richard también nos enseña las carencias emocionales a las que se enfrentan los hombres. Hay un momento en el libro en que le lleva flores a Clarissa, y va todo el camino a casa pensando en que la quiere, en que le va a decir que la quiere, porque no se dicen esas cosas lo suficiente. Durante ese camino, parece un hombre tremendamente enamorado que fantasea con todo lo que le va a decir a su amada. Sin embargo, la situación que se genera cuando Richard llega a casa y le da las flores a Clarissa es totalmente distinta de la que él se había imaginado: ni siquiera es capaz de poner palabras a sus sentimientos, probablemente porque nunca hubiera visto a nadie hacerlo antes. No es capaz de decirle a su mujer lo mucho que la quiere, y se queda parado, impotente, esperando que su silencio y las flores sean suficientes para que Clarissa lo entienda. Contener tus sentimientos es algo fundamental para ser un verdadero caballero británico, y eso acaba siendo un precio muy alto a pagar para estas personas, fueran conscientes o no.

No puedo hablar de las mujeres en el libro sin mencionar el papel de las flores y el ático. Las flores son una constante en la obra. De hecho, ésta empieza con Clarissa yendo a comprar flores a Bond Street. Son un símbolo de la feminidad y del cuerpo de la mujer, y teniendo en cuenta que en aquel momento la menopausia se asociaba con la muerte de la esencia de la mujer y que Clarissa es una mujer de 52 años probablemente ya menopáusica, entendemos el porqué de la aparición de las rosas a punto de marchitarse. Relacionado con el mismo tema tenemos el ático en el que Clarissa lleva un tiempo durmiendo sola. Las casas, sobre todo asociadas a personajes femeninos, son una representación de los cuerpos, y en este caso, el ático, que se encontraba desangelado hace referencia al útero de Clarissa, que se encuentra vacío debido a la menopausia. Sin embargo, esto no es lo único interesante relacionado con el ático. En su ensayo feminista “Una habitación propia”, Virginia habla de la necesidad de las mujeres de tener una habitación propia, de tener intimidad para poder crear. Me resultó muy significativo ver cómo Clarissa hace la reflexión de que, a pesar de que el ático es una habitación poco lujosa y gris, es una habitación donde puede retirarse a leer “sobre la retirada de Moscú”, sin tener que dar explicaciones. Vemos como la protagonista del libro valora tener esa habitación propia de la que Virginia hablaría años después.

Respecto al tema feminista hay tantas alusiones que no terminaríamos nunca, pero voy a acabar mencionando una parte que me pareció demasiado acorde con la situación actual. En un momento dado, Sally hace un comentario con el que deja en ridículo a Hugh, quien, para vengarse, violenta a Sally y le da un beso en un momento en que se encuentran a solas. (Tengamos en cuenta que en aquella época eso tenía unas implicaciones de privacidad mucho mayores que ahora). Cuando Sally lo denuncia, la reacción general es tacharla de mentirosa, pues Hugh es un hombre muy respetable, un perfecto caballero que no haría tal cosa. Aún a día de hoy, casi cien años después de que se escribiera este libro, nos encontramos con situaciones demasiado similares, llegando hasta el punto de que, incluso presentando pruebas audiovisuales se pone en duda la palabra de la mujer… El hecho de que injusticias descritas en un libro escrito de hace casi un siglo se repitan de manera sistemática hoy día debería hacer que, como sociedad, nos planteáramos hasta qué punto nos estamos negando a avanzar.

A pesar de que la protagonista del libro es Clarissa, he de decir que el personaje que más me fascinó fue Septimus. Para empezar, el hecho de encontrarme un caso tan claro de Shell Shock en un libro, y que fuera expuesto de una manera tan humana, me pareció muy interesante. Mediante Septimus y todos los personajes que se relacionan con él, Virginia nos enseña la visión que tenía la sociedad de los problemas mentales, que seguramente ella vivió en carne propia.  Para empezar, los médicos no trataban a Septimus como un enfermo, si no como una persona fatigada o cansada que quiere llamar la atención, siendo ellos mismos los primeros que no entienden por qué no se levanta de la cama algunos días, y comparando su situación con tener un mal día. Esto genera que Septimus tenga cada vez más desapego hacia la figura de los médicos, pues sólo le hacen sentir peor, llegando al punto en que es esa repudia de Septimus hacia los médicos la que provoca su suicidio para evitar volver a encontrarse con uno de ellos. El mismo Septimus tampoco entiende qué es lo que le pasa, y en los pocos momentos de cordura que presenta se cuestiona por qué no es capaz de darle a su mujer Rezia lo mismo que los demás maridos a sus respectivas mujeres. Por último, Rezia es una persona totalmente confundida que se encuentra dividida: por un lado, hay veces que puede de ver que su marido está pasándolo mal y que no es consciente ni capaz de reaccionar, pero los médicos no hacen más que negar que Septimus tenga una enfermedad, así que también hay momentos en los que Rezia siente que su marido es un egoísta y que reacciona de esa manera sólo porque no la quiere. A través de estos cuatro personajes Virginia no sólo nos presenta la situación actual de los enfermos mentales con respecto a la sociedad, sino que además nos hace una clara valoración de la misma: la situación es tan tremenda y tan sin sentido que genera el malestar de absolutamente todos los involucrados.

Septimus es un personaje que se siente solo, abandonado, alejado de todas las personas que lo rodean. Se siente incluso castrado por la experiencia vivida: él no quiere traer un hijo a un mundo como éste, pero no puede plantearle a su esposa eso, pues estaría negándole el milagro de ser madre y rechazando él mismo una de sus principales tareas como hombre. Sin embargo, Septimus no es un caso aislado. Como he mencionado antes, las personas con PTSD se contaban por miles, el problema es que fueron dados de lado deliberadamente, olvidados y aislados a propósito por la sociedad. El hecho de que en un libro escrito en 1923 Virginia incluyera a un personaje coprotagonista con Shell Shock, y que trate de transmitir de manera tan precisa cómo se sentía, dice mucho de la autora, de la consciencia y también de la valentía y la necesidad de exponer las situaciones que consideraba injustas.

Para Virginia, el poder transmitir de una manera precisa lo que se sentía al tener una enfermedad mental era una parte clave de sus obras. He de decir que lo que he leído en ésta me parece impresionante. Los altibajos de Septimus son tan humanos, tan creíbles… La última escena en la que Septimus por fin se ríe con Rezia y para justo después recibir la visita del médico y suicidarse es simplemente sublime. Realmente entiendes la ansiedad y las dudas que estaba sintiendo Septimus, la necesidad de suicidarse a pesar de que él mismo no quería hacerlo, él quería vivir. Sinceramente creo que es una de las mejores escenas que he leído en mucho tiempo, y desde luego, la escena que mejor representa lo que una persona con una enfermedad mental puede sentir de todas las que he leído.

Ideas como el Imperio, las colonias, la política británica, la religión, la diferencia de clases son fundamentales en la sociedad británica de entre guerras, y es normal que en una obra que trata de que conozcamos la psique de los personajes, temas de esa índole sean tratados, aunque sea de una manera más tangencial. Virginia a veces elige mostrarlos de maneras muy sutiles, como mediante el contraste entre Peter Walsh y Richard, Clarissa y Rezia o la hija de Clarissa y su profesora, pero otras nos los plantea de una manera mucho más accesible mediante soliloquios de personajes en los que ellos se plantean ciertas cuestiones.

Conclusión

En general he disfrutado mucho con la lectura de Mrs. Dalloway. Sin embargo, creo que es un libro muy exigente, tanto por la cantidad de detalles que tiene como por el vocabulario y la manera de escribir de Virgnia. Desde luego, no es un libro para leer cansado, y además creo que exige que el lector tenga conocimientos de base para llegar a comprender lo relevantes que son ciertos temas, como por ejemplo lo rompedor que es meter un personaje como Septimus. Para la gente que tiene la habilidad o la afición de leer entre líneas o de pensar y analizar las cosas que leen, les diría que este es su libro, porque es un libro con dos historias: la historia que te cuenta en sí y la historia que se puede inferir de todos los comentarios y pensamientos de estos personajes sobre su sociedad.

En mi opinión, el punto fuerte de este libro son los personajes. Son personajes con tanta fuerza que aún habiendo terminado el libro siguen contigo. Septimus es una tragedia moderna, una subversión del héroe de guerra clásico; es un personaje tratado con tanta humanidad que da para revivir y pensar su historia una y otra vez. Clarissa, por su parte, es el altavoz de una época entera, de todas las mujeres que se sienten olvidadas, de todas aquellas que se encontraban y se encuentran fuera de lugar esperando anhelantes un cambio.

For there she was